jueves, 22 de enero de 2009

El Mito Deconstruido: la obra de Alan Moore


(Post dedicado a mi amigo Hank Chinaski, aka Dr. Coloso, aka D.C., aka Diegong) 

  A finales del siglo pasado y principios de éste, los cinéfilos y entusiastas de los comics presenciamos un furor hollywoodense, desatado en cadena, por las películas de superhéroes. Este proceso, mismo que comenzó con buenos films como el Batman de Tim Burton (1989) y llevó a cosas tan desastrozas como el Spider-Man de Sam Raimi (2002), tuvo como tónica general la visión completamente caricaturesca del mito del superhéroe, desde el aceptablemente logrado Joker de Jack Nicholson hasta los insoportablemente vacíos Hulk y Daredevil. Algunos films fueron buenos, otros rotundamente malos; pero todos ellos eran la idea naive del superhéroe, la idea infantil, la idea de la serie animada. 

   Todos escuchamos esos títulos, todo mundo esperaba ansioso ver más mutantes en la pantalla grande cuando, sin previo aviso, aparecieron obras como From Hell (Hermanos Hughes, 2001). Había, al parecer, un nuevo grupo interesado en llevar al celuloide otro tipo de obras que se habían mantenido olvidadas en la imaginería del mainstream, no del comic, no de la tira del periódico. El mundo de la novela gráfica. From Hell resultó no ser un gran logro, pero estaba abriendo paso para que otros títulos impactaran el mundo del cine de manera irrevocable, el resto ya lo conocemos: Sin City, 300, 30 days of night, V for Vendetta, The league of extraordinary gentlemen, Batman Begins y The Dark Knight, en manos de directores de la talla de Zack Snyder, Robert Rodríguez y Chris Nolan (cuyo principal mérito radica en haber no solo revivido, sino reinventado brillantemente, una franquicia que Hollywood había agotado, con fiascos como Batman & Robin). Dentro de este fascinante mundo de la novela gráfica, hay tres nombres que deben ser mencionados con todo honor: Will Eisner, Frank Miller y Alan Moore. Fueron ellos, particularmente Miller y Moore, quienes destruyeron la idea del superhéroe como propio de la mentalidad infantil y lo elevaron a figura literaria.

   Alan Moore (Northampton, 1953) es la mente maestra detrás de muchos de los nuevos personajes, fascinantes todos, que podemos ver hoy en día. Durante su estancia en D.C. Comics y otras firmas, y en colaboración con dibujantes del tamaño de Dave Gibbons y David Lloyd, Moore logró darle un giro de 180 grados a la ficción de la tira cómica. Fue a través de sus guiones visionarios que nuevas historias, mucho más maduras, obscuras y sin tener a los niños como primary target pudieron materializarse; es gracias a su experto artificio literario que personajes que en los 80's parecían perdidos y acartonados pudieron encontrar su lado humano, su lado confrontado con la realidad, su psicología en un mundo desesperado. Alan Moore, junto con los antes mencionados escritores y dibujantes, nos mostraron a los hombres detrás de la máscara. 

   A comienzos de su obra madura, se encuentra V for Vendetta (1982-1988), en la que Moore explora con toda profundidad la idea de la idea, de un personaje que no tiene nada de excepcional salvo su obsesión con la Venganza y lo que él considera justo. Alan Moore crea en esta obra un mundo distópico muy al estilo de 1984, frío y sometido a un estado-policía, como marco para este personaje V, pensador y terrorista de la anarquía; que llevará sus planes hasta la última consecuencia sin escrúpulos en el camino. Sumamente obscura y nihilista, en V for Vendetta Moore explora por primera vez la posibilidad del símbolo como recurso literario, inspirado en la obra de William S. Burroughs. La letra V, o número romano 5, aparece constantemente tanto en los díalogos y títulos como en la imaginería, esculpiendo una trama que alcanza en sus puntos límite la calidad de poética. Los diálogos de V están escritos principalmente en Pentámetro Yámbico, un tipo de verso de 5 pies que no tiene rima. Queda patente en esta obra la sólida formación de Alan Moore como literato y filósofo, incorporando en la trama el pensamiento de los autores mencionados por V, de manera tan fina que atraviesa inmediatamente la barrera de lo meramente ilusorio. En esta historia nos enfrentamos a personajes de un realismo nunca antes logrado en el género, de una profundidad psicológica tan vasta (y a veces tan aterradora e insana) que perdemos a ratos la noción de estar leyendo un comic. Moore trata con toda prominencia los temas de las relaciones de poder, del fascismo vs anarquía y del conflicto de identidad. Para enfatizar esto, Moore nunca cuenta con claridad la historia de su protagonista, todo lo que sabemos de él es visto a través de la percepción de personajes secundarios; dejando un personaje ambigüo que queda completamente a criterio del lector: ¿V es un héroe, villano, loco o psicópata?. V for Vendetta fue adaptada a un film por James McTeigue en 2004 y, aunque la trama está alterada, alcanzó inmediatamente el estado de película de culto. 

   Continuando con su obra, todos aquellos que amaron The Dark Knight (Chris Nolan, 2008), deben saber que le debe muchísimo a Alan Moore. Aunque el contexto general está basado en el The Dark Knight Returns de Frank Miller y otros títulos como Year One y The Long Halloween, fue él quien creó la idea del personaje que tan brillantemente ejecutaría Heath Ledger. Es en The Killing Joke (1988) que Moore desmenuza completamente al Joker, mostrándonos a un personaje que desea apasionadamente ser entendido, dentro y fuera del comic. Esta obra tiene como objetivo principal plantar un espejo frente a Batman, nos demuestra por primera vez que su archienemigo, el payaso príncipe del crimen, no es otra cosa más que su fuerza contraria; como lo expresa el personaje de Heath Ledger: "an unstoppable force meeting an immovable object". Un mal día es lo que unía a ambos personajes, un mal día que era ese pequeño empujoncito hacia la locura. Ese mal día es lo que separa al caricaturesco Michael Keaton y el homoerótico e insufrible George Clooney de Christian Bale. Gracias a The Killing Joke, entre otros, los personajes de Batman alcanzaron el profundo y obscuro realismo que se merecían. Y como olvidar ese cuadro legendario en que Batman, después de años de lucha, se ríe de un chiste del Joker. Impresionante. Dos lunáticos estaban en un asilo...

   Para terminar, la obra maestra de Alan Moore, lectura indispensable, pieza seminal del género: Watchmen (1986-1987); que figura en la lista de las 100 mejores novelas en inglés del siglo XX publicada por la revista Time. Es en ésta novela gráfica que Moore deconstruye por completo el mito del superhéroe, poniendo en conflicto tanto lo superlativo como lo heróico. Bellísimamente ilustrada por Dave Gibbons, Watchmen representa un parteaguas no solo en el mundo del comic, sino en el mundo de la literatura. La idea principal de Moore era investigar como serían estos personajes confrontados con un mundo real, un mundo lleno de ansiedades, una historia alterna en el que la tierra está al borde de un desastre nuclear. Continuando con el uso del símbolo que comenzara en V for Vendetta, Moore logra en esta obra fundirlo completamente con el significado; valiéndose de Smileys manchados de sangre y demás representaciones de la inocencia corrompida. En Watchmen figuran una serie de "superhéroes" originales, interesantísimos, que logran fundirse en la cotidianeidad, lo político, lo macroeconómico y la guerra fría, en su búsqueda por aclarar un misterio que poco a poco va cobrando la vida de los enmascarados. Moore ahonda en la psicología de sus personajes, a veces de una inteligencia admirable y otras veces aberrantemente caóticas; fundiendo su trama con historias alternas, comics dentro del comic, y documentos al final de cada capítulo en los que construye un fondo temático mucho más sólido y plausible. Watchmen nos sumerge en planteamientos morales dignos de ser abarcados por cualquier gran filósofo, situaciones dramáticas que dejan a los personajes al desnudo piscológicamente, arrastrándolos lentamente hacia una incertidumbre de la que puede pender el destino de la humanidad. Esta pieza nos presenta, sencillamente, una visión del mundo de los superhéroes alejadísima de la visión que el público general tiene del mismo. Intrigante y culta, Watchmen es una novela que debería ser lectura obligatoria para cualquier estudioso de las bellas letras. 

Si el mundo fuera justo, Alan Moore estaría en los estantes de las librerías donde en este momento está Dan Brown. 

  Epílogo: Watchmen es ahora una película dirigida por Zack Snyder (300, Dawn of the Dead) que se estrenará en Marzo de este año. La espero ansisamente, espero que Snyder haya aplicado para esta obra la misma visión e ingenio que demostró con los espartanos de Frank Miller; pues como cualquiera que haya leído a Moore sabrá, sus historias no son nada fáciles de realizar. Espero que le hagan justicia a Watchmen y todos puedan compartir la genialidad de éste brillante escritor que ha impactado el mundo de los comics y la literatura como hace mucho nadie lo hacía. (Sí, mi post fue increíblemente geek, pero espero que ud. apreciable lector haya disfrutado leerlo tanto como yo disfruté escribirlo)

Bien por el buen arte y los buenos artistas. Keep 'em coming. 

domingo, 18 de enero de 2009

Derrota de la Creatividad

   Una de las actividades más ricas dentro del mundo del arte es sin duda alguna el análisis, pues siempre representa un enorme reto intelectual. Criticar una obra implica indagar a fondo en muchas circunstancias en torno a la misma con la finalidad de darle una lectura seria, creativa y basada en un discurso. Existen modelos de análisis para cada disciplina, paradigmas de acercamiento a la obra dirigidos a diletantes (ver el Modelo de Broadbent en arquitectura) que sintetizan una serie de puntos a tocar si lo que se pretende es hacer una crítica seria. Contrario a la creencia popular, me gusta o no me gusta no constituyen crítica ni análisis alguno y carecen por completo de valor teórico. Siguiendo esta tónica, existen muchísimos artistas amateurs con obras cuanto más intrascendentes que toman como bandera un desprecio por la crítica y discusión teórica / dependencia total de la audiencia para justificar producciones que no tienen valor alguno (ni en forma, fondo y discurso). Adentrémonos un poco en este tema.

   Para ilustrar el punto de hoy voy a partir de un ejemplo: Eraserhead (David Lynch, 1977), opera prima de uno de los cineastas más frecuentemente imitados por primerizos a lo largo y ancho del mundo. Esta película en blanco y negro es una de las mejores obras del cine surrelista, y es precisamente por eso que la he escogido en esta ocasión. Eraserhead es una obra eminentemente simbólica que ilustra un cierto estado de ánimo, muy puntual y conciso. La obra en su totalidad puede analizarse en base a ciertos criterios estéticos, técnicos y teóricos propios del género; como puede hacerse también con las obras de Dalí, Artaud o Jodorowsky. ¿Qué tienen todos ellos en común? que suelen ser criticados con las palabras fumado, loquísimo y debraye. El surrealismo, junto con otros movimientos del modernismo (cubismo, futurismo, etc), se presta mucho a ser objeto de las críticas e imitaciones más vacías, superficiales y sosas. Donde hay una profundidad de pensamiento muy notable, una razón de ser para cada objeto y movimiento de cámara, un fundamento para cada escena; el pequeño artista democrático ve imágenes inconexas, ideas aleatorias y escenas fruto de un viaje con drogas; él no ve en ningún momento técnica o discurso, construye en su cabecita la equivocadísima idea de que cualquier tontería, cualquier pensamiento inconexo puede alcanzar una categoría de valor estético. El pequeño artista democrático, tolerante y firme defensor del todo es arte, no puede comprender que no se trata de algo fumado: se trata de algo que simplemente se encuentra fuera de su esfera intelectual. Por eso existen tantos imitadores de Lynch, Dalí, Artaud, Bukowski y Picasso; por eso hay tan pocos imitadores de Fellini, Bourguerau, Sorolla, Whitman y Mahler. Entramos aquí a un terreno del que mucho intentó advertirnos Cervantes en su Quijote: el peligro de la simulación. 

   Vámonos a un ejemplo contrario. La blogósfera está inhundada de pequeños artistas democráticos, seres tediosos e insufriblemente adolescentes, entre las cuales se encuentra la autora del fragmento que citaré a continuación (tal vez algunos reconozcan su muy capilar estilo, por no decir epidérmico): 

"Con esto quiero decir que no estudio ni trabajo y que me recuesto en mi cama por horas pensando en conejos verdes que saltan sobre llamaradas de fuego mientras cantan el himno nacional. "

   Este pequeño fragmento, querdios lectores, ilustra con toda pulcritud mi punto (no es una obra, pero si un digno representante del contenido general). He aquí la derrota de la creatividad, aplastada por la simulación disfrazada de contenido. He aquí el atole con el dedo para las masas, donde no existe de ninguna manera la creatividad de un surrealismo de Artaud o el non-sense de Carroll. Simples y vagas ideas tontas, inconexas, simplonas y muy naive. No existe nada importante que analizar, como es el caso del resto de lo que ésta chica hace, típica opositora de la intelectualidad, la cultura, el conocimiento estético y la realización técnica. De esos pequeños artistas democráticos que ven arte en colillas de cigarro. 

   El buen arte, amigos míos, es aquel en el que puede descifrarse un mensaje claro, una idea, un sentimiento; aquel que es sujeto, concientemente, de la labor crítica-teórica. El arte de engaño, el arte-sin-arte, es aquel que bajo ninguna circunstancia debe ser criticado, el que se siente libre por no ser claro, el que depende completamente de la aceptación de la masa, el arte hijo del me gusta, del estás bien loca, del "me se pésimo escritor pero me mantengo en la liga". 
   
   Así como no permitimos que los políticos, figuras públicas y pseudocientíficos nos mientan, tampoco debemos permitir que los pequeños artistas nos engañen: no, no cualquier cosa es arte. Debemos aprender a ser más críticos, más analíticos y no aceptar cualquier cosa autoimpuesta. Hay que abandonar el tic de morsas que aplauden cuanto se les pare en frente por decir tonterías que, al no ser capaces de analizar, tachan de inteligentes. Aunque los pequeños artistas democráticos así lo afirmen como mecanismo de defensa, la inteligencia, el pensamiento y el virtuosismo no son despreciables.

FIN

Jajaja, pasando a otras cosas, les platico que estoy muy emocionado porque mi cuento Weeping Walls será llevado a un cortometraje y, como buen entusiasta cinéfilo que soy, lo espero con ansias locas. 

sábado, 27 de diciembre de 2008

Soy un disidente...

...en la más amplia ascepción de la palabra. 
Le declaro la guerra a mi tiempo. Le declaro la guerra al paradigma de pensamiento vigesimoprimo, a nuestros temores, a nuestras lastimeras ataduras. Le declaro la guerra a la izquierda, a la derecha y particularmente al centro. Le declaro la guerra a la cobardía. Le declaro la guerra a nuestra humanidad sintética. 

Soy un sensualista, un esteta. No hay estándard que pueda definirme, no hay situación ni apelativo para calificarme. Para mi no hay doctrina; no hubo principio ni habrá final. Yo soy el asesino de iconos, el destructor de todo principio que me ate a la falsedad. Soy el vengador de la idea de yo. Yo soy, y siempre voy a ser. Yo soy la imposibilidad, el planteamiento eterno: yo no soy más que una idea. Conóceme, yo soy el principo de la negación. Niégame, yo soy la incertidumbre. Le declaro la guerra a la estabilidad. 

Yo soy una silueta contra el sol, un susurro en el viento: yo soy el vagaje de un sistema, yo soy la caducidad de un acuerdo. Yo crezco para ser el final de la estática: quiero ser movimiento.

Le declaro la guerra a todo ídolo, a toda figura puntual de ideología. Yo quiero ver, amo los colores y las formas; declaro la guerra a la ceguera y la costumbre. Que mi vida sea el desmantelamiento del ethos. Soy la sombra de la libertad. Soy un terrorista, soy un incendiario. Soy un párrafo reconstruido, soy una revisión literaria, la versión final de una pintura. No existe para mi nada que no se diseque bajo el ojo de la belleza, soy un emisario del más implacable de los jueces, una aberración apolíneo-dionisiaca. 

Mi corazón es una bomba de tiempo, mi mente es un antídoto al veneno de la pluralidad. Yo soy genealógico, una certeza matemática: una fatalidad histórica. No existe para mi debilidad que valga, ni fortaleza que no sucumba. Mi pluma es geométrica y mi espada de luz. Detrás de mi, solo obscuridad y vacío. Solo el prinicipio de lo incierto. Quiero ser un poema.

Yo soy un hijo orgulloso del discurso sardónico. Crítica y alusión. Voluntad y reconstrucción. Yo soy el único vestigio viviente receptor del amor puro. Yo soy un coleccionista de besos. Yo soy el ilustrador del deseo. Yo soy una mirada al vacío, y los veo a ustedes. Yo soy la máquina de sentir, el analista de miradas. Yo soy el peligro desglosado. 

Yo no soy nadie más. Yo no soy el siglo veintiuno. 
Yo soy un arquitecto, un materializador de ideas.
Un constructor.
Un transformador de materia inservible.
Y ninguno de ustedes podrá olvidarme nunca. Yo soy el bombardero de las masas. 

domingo, 21 de diciembre de 2008

Dantesque

Paolo e Francesca nel inferno, Dr. Acula, 2008. Da un dipinto di G. F. Watts

A ciascun’alma presa e gentil core
nel cui cospetto ven lo dir presente,
in ciò che mi rescrivan suo parvente,
salute in lor segnor, cioè Amore.
 
Già eran quasi che atterzate l’ore
del tempo che onne stella n’è lucente,
quando m’apparve Amor subitamente,
cui essenza membrar mi dà orrore.
 
Allegro mi sembrava Amor tenendo
meo core in mano, e ne le braccia avea 
Madonna involta in un drappo dormendo.
 
Poi la svegliava, e d’esto core ardendo
lei paventosa umilmente pascea:
Appresso gir lo ne vedea piangendo.

Dante Allighieri, La Vita Nuova

The Argent Song

Amor Sacro e Amor Profano, by Titian, 1513-1514. The Borghese Gallery

That in frailty, mother moon,
imperious to thou I write
Zephyr is to blame, it's too soon!
in winter's stead, dare he act!
Argent messenger of fate
night of all nights, 
  a promise was made...

An illusion of light,
(hear it, silver star!)

Sacred, immaculate in thy name.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Weeping Walls

"-Who are you?
-Angels to some, demons to others. We are explorers in the further regions of experience".

   Ring any bells? If you're a horror fan like me, you surely identified this quote. This is how the cenobites describe themselves in Clive Barker's masterpiece novel The Hell-bound Heart, later adapted into a major film, Hellraiser. 
 
  A few hours ago, I came across the very first post I ever published in this blog, and I thought whoa, this is what this space was meant to be in the first place. Exploring those remote corners of our minds where we dare not linger by, dissecting those unearthly places where the brave will not venture. This blog was supposed to become a view-frame into our most intimate fears as a species, me being your humble host. But somehow this blog became my all-thoughts-basin, where I have poured all sorts of experiences, from architectural practice to social critique, from poetry to humor; but I never again played with those concepts that obsessed me at the time: primeval fear, irrational horror and abhorrent lunacy. Well, that is until now.

   The short story I'll give you now comes from that compendium I first named The Darkest Hour. I thought it might be of particular interest since it deals with two topics I have dealt with here before: architecture and religion, and... well, find out for yourselves. Maybe afterwards this blog will retake the path it was so eagerly following, maybe I'll continue writing in spanish and not in english (as it was originally intended). But alas, no time as the present; so let me remind you that little piece of advice I gave you more than a year ago: there is no avoiding what here is withheld, darkness is very wise. Be warned. 

WEEPING WALLS
or the house of impossible life

"It is life and death that are imaginary solutions, existence is elsewhere"
André Breton

   Weeping Walls was not precisely an ideal home. 
As a matter of fact, it was not even a home for that word implies the concept of inhabiting, and nobody ever had lived in Weeping Walls. The house was there before the town of M. was founded, before there was any trace of civilization. That piece of over-cluttered stone had been there long before history was recounted.

   It had always been there, but where? Nobody could tell precisely. The oldest folk of M. usually recalled having seen Weeping Walls in the middle of the nearby forest, one time when they got lost at night while walking home. One man was convinced that Weeping Walls was the house next door, another seemed very positive when assuring  the infamous house was behind M.'s industrial district. The truth is Weeping Walls could be found anywhere it chose to be found; and the townsfolk of M. had learned to live with its shadow on the back. 

   M. was a silent, misty town beyond the western highlands of Urdull; a farming community of peaceful protestants. Even though one could never listen to a bird sing in M,  folks there developed a very unnatural sense of awareness, for danger always lurked behind every corner of their little town; but take not this idea erroneously, there was hardly any crime registered in the streets of M. Whenever a little child was reported missing or a strong, capable man found with the genitals in the mouth the authorities would file the case as "W.W.". In their peculiar culture, mothers would never tell their children about boogeymen or faeries, those tales of the uncanny were rendered too real to be dealt with; they would only warn them never to listen to that strange voices coming out of nowhere, asking them to come closer. As for the adults, they never found Satan needed in the Church. All they did was sit down quietly, trying to rid their minds of any impure thought, feeling always that chilly drops of sweat cover the back of their necks. 

  Sometimes, in the middle of the night, those too stupid to remain awake could listen to the house whisper its nameless prayers; sometimes in arcane voices and languages that they deemed were not of this earth, sometimes with very human voices and very human languages. And Weeping Walls always knew precisely what to say to those whose ears were listening. One little child, who was never able to sleep again, remembered hearing this folly one May the 5th:

Jesus and Mary, wounded and weary,
thy death hath been in vain.
Little children who lie now dreary
and have sworn by thy name
shall in sadness find me instead.
For every prayer there is fear,
for every smile there is a tear,
no hope, no death, all love has gone,
all safety is undone.
Jesus and Mary, martyr and whore.

  Very few were ever found alive after failing to resist the temptation of  crossing Weeping Walls' threshold; all of them muttering incoherent rubbish about what they had seen. They sometimes spoke in that strange language only those damned walls know, using sounds and vocals that had never been accounted for. Some people thought this men were still inside Weeping Walls, their consciousness bound to those bizarre structures that, for what they told, constituted the house. One man told of a huge room which contained the ocean, dark and turbulent. He cried as he described the waves breaking on the white walls, the ceiling all rotten by moisture and the raging depth which tried to swallow him. He said there was no visible source of light, yet he could see perfectly some kind of life forms dwelling in the water and the very narrow strip of sand; life forms he described as geometrical and polyhedric in  nature. Another man talked about a gang of fetuses that live behind the hall of mirrors, sucking and licking the pustule-ridden skin of a naked old crone; an abhorrent female madness who never stopped crying and screaming. A woman in her mid twenties found herself having a nice tea party with a blind hog, who happened to be an expert in trans-universal metaphysics. He talked her into eating herself. The story was never the same, but they all died within the week. No human soul could take damage as the one Weeping Walls inflicted upon its guests. 

  This is all I was able to chronicle when I came across the little town of M. and its colorful tale of the ghastly house. No one ever talked about ghosts or witches, what those walls kept within was a secret only the darkest forces of the earth could utter, and I was willing to listen. For weeks that turned into months I searched for Weeping Walls, I violated every sacred inch of woodland, broke every protocol of manners in my hunt. I knocked in every door, looked through every window, descended through every passage and climbed all stairs, but encountered no such thing as a moving house.  All I found was the broken foundations of a quite peculiar structure which I estimated was older than eons could tell. There, in the midst of the cultured stones, I detected a strange carving depicting a symbol reminiscent of M's coat of arms, bordering some kind of text written in archaic characters. I copied them into a notebook and handled it to my old friend, Mr. D., a renowned scholar of lost languages, months after my scavenger-hunt for Weeping Walls. 

   What he told me, dear reader, I dare not transcribe here. I just found out that M. was not precisely an ideal town to live in. As a matter of fact, it was not even a town for that word implies the concept of township, which implies the concept of inhabiting human beings; but no one had ever lived in the town of M. I returned to that dreamlike place past beyond the western highlands, years and years after my first visit, and found no trace of civilization, not then, not ever. 

   All I found was a desolated house in the midst of the forest, a house no human words could ever describe. I took residence there, and named it Weeping Walls. And I could never stop crying. 

jueves, 4 de diciembre de 2008

Arquintenciones: Red para Figurar (Parte VIII)

ESPACIOS EN 24 x SEGUNDO
El edificio como planteamiento de una posibilidad, la posibilidad de una concreción

Storyboard Cotidiano, Arq. Enrique Cedillo Navarro (aka. Dr. Acula), Octubre 2007

Louis Kahn, uno de los arquitectos que más admiro y más me han influido, dijo una vez una frase que usaré como leit motif de éste post: 

"A great building must begin with the unmeasurable, must go through measurable means when it is being designed and in the end it must be unmeasurable"

   Las imágenes que veían anteriormente son parte del Storyboard que hice hace ya más de 1 año, durante el proceso de diseño de College of Sophia. Así es, un Stroyboard. El proceso de diseño arquitectónico es una actividad de muchos matices, una red figurativa que abarca desde planteamientos matemáticos complejos hasta aspectos metafísicos, que son precisamente los que quiero tratar en esta ocasión. ¿A qué se refiere Kahn cuando nos habla de unmeasurble, lo inmedible? 
   Diseñar un edificio es muy similar, en espíritu, a filmar una película. Uno no hablaría, en ese sentido, de dimensiones prefabricadas de plafón en ésta etapa del proceso, sino de escenas. ¿Cómo sucede el primer contacto de la Srta. X con College of Sophia, qué siente, cómo reacciona? Queremos que camine de tal manera, que tenga que dar 5 o 6 vueltas, que la luz se le presente durante una determinada cantidad de tiempo en recorrido standard de un espacio público, que le de una lectura particular a una escalera, etc; para lograr cierto objetivo psicológico-espacial en la persona que, a diferencia de la película, no contempla, sino que vive el edificio. Ésto es, desde luego, unmeasurable; aunque se base en cosas tan objetivas como estudios de frecuencia de uso. 
   La arquitectura suele llegar a malos términos cuando se parte per se del objeto. El objeto es la respuesta, no la pregunta. 

   En alguna ocasión, me encontraba yo caminando por las calles de Salamanca, provincia de Castilla-León. Era tarde, algo así como las 10 pm. Fui a dar, en mi vagaje, a la parte trasera de la Catedral, obra imponente del gótico castellano y, estando yo algo molido, decidí sentarme a fumar un cigarro. En alguna callejuela cercana, que no pude identificar, un músico anónimo (estudiante, seguramente) tocaba los Recuerdos de la Alhambra de Francisco Tárrega. En lo alto de la Catedral, las aves entonaban su melancólica elegía; el murmullo de las tascas de los alrededores eran casi como un sueño. Las farolas iluminaban mi escena personal con una sutileza tal quen no podía uno evitar creer que eran antorchas; y la fría piedra de la catedral luchaba con la neblina para darme su mensaje. Existen en ésta plaza de ensueño, unos curiosos reflectores que iluminan el muro fronterizo de cierta propiedad adyacente, que hacen que la sombra de todo aquel que por ahí transite se magnifique; creando una bellísima metáfora. Así las cosas, la vi: en una de las bancas de la plaza, había una mujer sola, envuelta hasta las orejas para protegerse del frío. Inmaculadamente blanca, de mirada ausente, leía un libro de cuentos salamantinos. Era esta chica una cosa tan proclive al enamoramiento, que me impidió seguir mi camino durante unos minutos eternos.
   La densidad del aire era perfecta, la musicalidad del espacio atinadísima, la luz intrigante, la piedra vivificada y la chica ésta su princesa no coronada. Ésto es, queridos lectores, la atmósfera espacial en cuestión; la plaza adquiere ese sentido metafísico al que yo aquí me refiero. Me gusta pensar, al diseñar espacios, que estoy planteando la posibilidad de esas escenas, planteando la posibilidad de una experiencia cinematográfica. Me gusta imaginarme que, en cierto espacio que diseño, alguien dará su primer beso o conocerá al amor de su vida. Ahí radica el arte, la poesía de la arquitectura. El cineasta debe ser eficiente contando una historia, el buen arquitecto debe ser capaz de colocarte en el ambiente propicio para contar tu propia historia. Somos, como bien dice Legorreta, hacedores de sueños.  

   Es entonces, y solo entonces, que se procede al aspecto medible, de pulgadas, resistencias y capacidades de carga. Todo ahí trabaja para materializar el panteamiento, para concretar algo que resulta a veces muy difícil poner en palabras, no se diga ya en dibujos; lograr poner en piedra un espacio en 24 x segundo. Todo debe considerarse, desde el tornillo que fija el reflector, hasta la banca donde se sienta la chica. Todo es posible en la arquitectura, si se sabe traducir.
   
   Sillón Demiurgo, College of Sophia. Arq. Enrique Cedillo, 2007. 

martes, 2 de diciembre de 2008

Arquintenciones: Red para Figurar (Parte VII)

TOPOGRAFÍA ARQUITECTÓNICA
Crítica, Ilusiones y Desilusiones

Desarrollo Conecptual para el Centro TeleGenio, Arq. Enrique Cedillo Navarro (aka Dr. Acula), 2007.

   Un panorama arquitectónico tan vasto como el del siglo XX nos demuestra la intrínseca relación entre el que hacer del arquitecto y el mundo ideológico que a su producción rodea. Ante una era marcada por la guerra, la disparidad, las revoluciones sociales e ideológicas, el progreso y la tecnificación, la mercadotecnia y el mundo de las imágenes; solo cabe mencionar que el resultado productivo no puede ser juzgado por la óptica de una sola postura unilateral. Estamos hablando de un siglo que vió el Hyperclasicismo de Albert Speer junto con el Learning from Las Vegas de Robert Venturi.  Al existir tal variedad de manifestaciones culturales, el expectador no tiene más opción que adopar una postura extrínseca, me atrevería a decir irónica: desligada de todo, sin cánones bajo los cuales juzgar tal o cual situación, evitando a toda costa tomar partido en algo y al mismo tiempo conservando el espíritu pragmático intacto, bajo el cual todo es desmedidamente reprobable y al mismo tiempo, paradójicamente, admirable y legítimo.
 
   El día de hoy los asuntos relevantes del pasado parecen no tener la menor importancia. Ni la sed reconstructiva y ordenadora de postguerra, ni los movimientos beat del nuevo mundo, ni el furor capitalista y la cultura pop. Sencillamente nos burlamos de todo. ¿Cómo podemos entonces criticar arquitecturas surgidas bajo éste marco quasi-nihilista, si las bases que las generaron son consideradas absurdas 5 años después y su visión a futuro es demasiado vacía, demasiado literal?

   Si hojeamos cualquier almanaque de arquitectura contemporánea mundial, nos encontraremos con las manifestaciones más dispares y contrarias, que dentro de su indiscutible contemporaneidad parecen destruirse entre sí y al mismo tiempo negarse a sí mismas. Desde los revivals del clasicismo hasta planteamientos virtuales sin mayor pretensión más allá de la pantalla de una computadora, desde los más aferrados vernaculismos hasta derroches desmedidos de tecnología global. Todos siendo concebidos el mismo día, del mismo mes del mismo año.
Sin embargo, seguimos comportándonos como una gran masa, pero las reglas de ésta no están bien definidas en el momento cúspide de una época, su rumbo no es claro y parece no haber una verdadera proyección hacia el futuro con bases sustentables. Nuestra crítica se convierte en en una situación, una eventualidad, es algo tan pasajero como los edificios mismos, una necesidad casi excluiva de la Industria Inmobiliaria.

   La tarea de la crítica arquitectónica hoy debe ser poner orden en un mar caótico, intentar definir un rumbo claro a seguir. Tal vez entonces podamos encaminarnos hacia una arquitectura que no se base en ilusiones y desilusiones, una arquitectura del futuro, que sirva y sea servida, que deje de manifestarse como monstruo surrealista en un mundo que no le corresponde y al que no le importan un comino. Necesitamos un mundo al que los edificios puedan entender.